La Unión Europea se reúne por última ocasión este año en Bruselas. La agenda es apretada y difícil. De por medio se encuentra la grave crisis económica que afronta y las divergencias entre algunos estados sobre el como afrontar dicha problemática. Las tres cuestiones principales de la reunión de Bruselas son, en su orden; el paquete de respuesta para afrontar la crisis económica, el futuro del Tratado de Lisboa que ha quedado a la deriva luego del referéndum irlandés y el paquete ambiental que se discute hoy, para darle continuidad o no a la propuesta de Kyoto. Por el medio, y casi desaperciba para la opinión pública europea y centroamericana, está la quinta ronda de negociación para establecer un Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea.
La importancia que tiene esta nueva ronda, si es que la tiene, radica principalmente en el tema comercial, debido a la propuesta hecha por la región de reducir en un 90% su acceso, una propuesta audaz para algunos, temeraria por otros, y realista para los negociadores, tomando en cuenta lo poco diversificados que es nuestra producción local y la poca importancia que se le otorga a las políticas proteccionistas en la región, tomando en cuenta que no hay claridad ni diferenciación entre sectores claves y estratégicos para el desarrollo nacional y sectores claves para los grupos empresariales que tienen intereses e inversiones en los mismos. La propuesta centroamericana incluye la discusión, de productos vitales en la oferta exportable, como el azúcar, banano, entre otros. (Lo de vital, se refiere al interés de los grandes grupos empresariales centroamericanos)
Con desden, y sin mucho compromiso de su parte la UE, ha planteado un mayor acceso, y ha incluido en forma oportunista el tema político, para presionar a Nicaragua, especialmente al Frente Sandinista, por los últimos resultados electorales de ese país.
Los resultados entonces son pobres y reflejan claramente el posicionamiento de cada uno de los sectores involucrados. Por un lado, Centroamérica buscando colocar sus principales productos de exportación en el mercado europeo, como una tabla de salvación ante los nulos beneficios del TLC con Estados Unidos, y Europa, aprovechando esa situación, busca abrir mercados, necesarios y urgentes para paliar la crisis del sector real de su economía y redobla su esfuerzo por ser un jugador político global aplica un poco de realpolitik, ante la ambigüedad existente en el fin del mundo unipolar y la debacle del poderío norteamericano. Para ello aplica la estrategia de la zanahoria y el garrote. Otorga beneficios a Costa Rica, al otorgar una prorroga al SGP Plus vigente ahora hasta el 2011, y por el otro lado endurece su postura respecto a Nicaragua, queriendo aislar a dicho país, con el vil argumento de la “democracia”. Esa actitud solo se entiende, si se toma en cuenta que es hasta esta fecha que Costa Rica ha terminado de ratificar el CAFTA, en medio de un referéndum que movilizo a esa nación sobre el debate de los beneficios de este tipo de acuerdos y las posturas nicaragüenses en torno a estar con dios y el diablo al mismo tiempo al apoyar el Acuerdo Bolivariano ALBA y el CAFTA al mismo tiempo.
Por el medio, queda el intento de la integración Centroamérica, que no concluye, pero tampoco se consolida. Habrá que prever, por mucho que no le parezca a los funcionarios del Banco de Guatemala, que la dependencia de nuestra economía hacia Estados Unidos tendrá consecuencias devastadoras para la marcha de nuestra economía que ya se comienzan a sentir con la disminución de las remesas familiares. Por ello, pensamos que lo mejor para afrontar esta crisis es profundizar en la integración Centroamérica, denunciar el CAFTA y frenar la negociación del ADA, de lo contrario, el contagio será letal y de consecuencias devastadoras.